La noche se nos hizo agua
que bebíamos mientras soñábamos
con cambiar este mundo.
Voltearlo de cabeza.
Juntos, nadie podía contra nosotros
Y las ideas surgían,
y las discrepancias
y luego las rizas.
El cuadro infaltable
en los eternos reencuentros.
El agua se acaudaló en manantiales
con el correr de los tiempos,
manantiales que evacuaba en el llanto
que tu voz supo calmar.
Que tus gestos transformaron en lagunas calmas
Infinitas las gracias que tengo para vos,
infinitos los abrazos fraternales.
Imposibles las palabras, las letras
para describir el refugio que preparaste para mi
pido a la eternidad, me deje suficiente vida para devolver
toda la generosidad indestructible
que posaste sobre este cuerpo,
como una manta que me quita el frío de este cruel invierno.
Pancitas!
ResponderEliminarOtra vez la palabra refugio, ahí, como posada en una montañita de hojas otoñales. Se respira armonía en esas palabras muchacho, se respira cariño, se respira un abrazo entre los versos...
"El cuadro infaltable
en los eternos reencuentros."
Hermoso.